Que si es o no justo que haya militares en la cárcel y ex guerrilleros gobernando, es complicado. Hay que comenzar por decir que a pesar de los grandes esfuerzos que constantemente las guerrillas, el Estado y las Fuerzas Militares hacen para justificar sus acciones, en Colombia ninguno de estos actores ha sido ni es un santo. Lastimosamente, aún siguen surgiendo estos discursos redentores, políticos e idealistas al extremo, que venden una ilusión de “superman” salvador que le promete a la opinión pública solucionarlo todo.
Parece evidente que figuras como Gustavo Petro, Antonio Navarro Wolff, Vera Grabe, Rosemberg Pabón, Libardo Parra, entre otros, por estar tan ligadas a las actividades de interés público y haber salido en la agenda mediática, causen polémica sobre la relación entre su pasado y su presente. Todos son víctimas de juicios, buenos o malos, por haber militado en el M-19, movimiento que salió a la luz pública en 1974 con el Robo de la Espada de Simón Bolívar. Pero el odio que generalmente despiertan y por lo que se les cataloga como culpables ¿de dónde viene? ¿De qué se les puede culpar? ¿de la Toma al Palacio de Justicia? No creo, Petro en la Picota y Navarro en Cuba recuperando medio rostro y una pierna y los demás guerrilleros de la toma, muertos con excepción de Clara Enciso, deja mucho que pensar.
Es necesario recordar que en un determinado momento el M-19 sí abanderó la paz del País, tal vez no de los mejores modos, pero sí le ganó a Turbay en ese pulso político . Muestra de ello es que aún después de la toma, ganaron legítimamente 19 puestos en la ANC (Asamblea Nacional Constituyente) del 91.
Además, aclaremos, sobre todo para aquellos que defienden a los militares que han sido condenados por la desaparición de 11 personas (juzgados por eso y no por la fuerza desproporcionada e improvisada con la que se hizo la retoma) que eran ellos los que estaban a cargo custodiarlos. Además que los miembros desmovilizados del M-19 fueron indultados y que es imposible que los guerrilleros de la toma, estando muertos, (a exepción de Clara Enciso que salió viva de allí por haberse desmayado en el momento en que Irma Franco, una de las desaparecidas, era detenida .) sean los responsables de la desaparición de estas personas, que fueron vistas, en fotos y videos, saliendo del recinto aún con vida.
El indulto puede causar la impresión de haber sido manipulado, pero en realidad, fue producto del miedo a que, de no hacerse la negociación, el M-19 no se desmovilizara y matara a más personas y el Gobierno se siguiera deslegitimando. Vale aclarar que éste sólo aplica a crímenes políticos y que en ese momento los militares involucrados renunciaron a él por su propia voluntad, porque era claro que una autoridad legítima no se podía poner al nivel de una guerrilla; así que es falso que se haya discriminado a los militares, aplicando la ley en favor a las guerrillas.
Entonces, aquellos que ya estaban en la cárcel, como Petro, se les absolvió el resto de condena que quedara pendiente, siendo así, ¿se puede discriminar, en un país democrático, a una persona legalmente indultada que se ha desmovilizado y reinsertado a la vida civil? Sí, tal vez se puede, pero eso no cambia nada. Y menos si los argumentos en contra de las acciones políticas de éstos surgen de falacias ad hóminem (que juzgan a la persona por ser quienes son y no a sus argumentos).
Que el Coronel Plazas Vega diga que el juez de su caso debió declararse impedido por ser del partido del Polo Democrático es algo ingenuo e insensato. Claro por la rabia y la impotencia, es comprensible, pero es que partir de la concepción de que por ser de ese partido no puede juzgarlo es entender que él o los integrantes de dicho partido 1) fueron guerrilleros o 2) están de acuerdo con la guerrilla o 3) tienen un interés con este grupo armado o cualquier situación similar. Pero aún si así fuera, no queda claro qué inhabilitaría al juez, porque no todos los pertenecientes a un espectro político de izquierda piensan en tomar el poder por la vía armada o en que es válido matar a gente inocente por sus pretensiones políticas.
Es ridículo. Entonces Gabriel García Márquez, que a pesar de que no apoya a ningún partido, ¿también sería un asesino hipócrita por su amistad con Fidel Castro? Él mismo dice que se fue de Colombia porque le temía a los militares ya que sabía que tenían una orden de captura para llevarle a interrogatorio en la Escuela de Caballería y podía pasar por la misma situación que el poeta Luis Vidales, interrogado por el robo de armas del Cantón Norte en 1978, bajo aquella figura exagerada del Estatuto de Seguridad del periodo presidencial de Turbay .
Ese es un ejemplo, pero gracias a discursos de esa clase es que se ampara la impunidad en crímenes basados en generalizaciones políticas, como el genocidio de la UP porque, que como lo afirma Carlos Velázquez, fue innegable el proceso de aniquilamiento sistemático de muchos de sus miembros, en el que se impuso la impunidad jurídica, política y social. Hubo un discurso de violencia y discriminación, porque buena parte de los miembros de este movimiento político veían tomaron el proyecto como una oportunidad para hacer política de oposición y de izquierda desde la legalidad y le apostaron a la institucionalidad, dejando las armas. Ellos creyeron en la posibilidad de hacer política limpiamente, sus asesinos, no.
El 6 de Noviembre del 85, sucedió la que David Bushnell designa como la más sorprendente operación del M-19, la toma del Palacio de Justicia . El hecho dejó, después de dos días, un saldo final de 14 militares, 35 guerrilleros y 46 civiles muertos, dentro de los cuales 11 eran magistrados titulares y 6 auxiliares. Allí quedaba ubicada la sede de la Corte Suprema de Justicia y de otras oficinas judiciales, y se hallaban varios expedientes y documentos judiciales de los ‘extraditables’. Cosa que ha provocado la teoría de que los Narco hubiesen sido los actores originales de la toma, pero ¿habrían muerto los guerrilleros por eso?
Con la idea de ‘juzgar’ públicamente a Betancur, (en realidad, le exigían atención, por los celos que le despertaban las negociaciones de paz que el Gobierno había centrado en las Farc durante ese periodo) los guerrilleros ingresaron por el parqueadero, eliminando a dos guardias que habían quedado a cargo de la vigilancia, dos días después de que la policía hubiera retirado el dispositivo de seguridad especial que había operado por 21 días tras haber descubierto en un allanamiento el plan de la toma que tenía esta guerrilla. Curiosamente, el Teniente Coronel de la Policía Nacional aseguró que el presidente de la Corte Suprema de ese momento, Alfonso Reyes Echandía, le había ordenado verbalmente retirar las tropas , sabiendo que un militar no puede acatar esas ‘órdenes’ de un civil que no tiene capacidad ni funcional ni presidencial de darla. Claro, la Comisión de Verdad estableció que era una mentira, pero gracias a ese posible descuido del Teniente Coronel, los militantes del M-19 tomaron como rehenes a magistrados, visitantes, empleados, administrativos; los amedrantaron, los amenazaron y durante el ataque fue quemado, y aun no se sabe por quién, el 80 porciento de la jurisprudencia allí guardada .
Jesús Armando Arias, José Luis Vargas Villegas, Alfonso Plazas Vega, coordinaron la Brigada 13, la encargada de la operación de Retoma y desde un improvisado cuartel ubicado en ‘La casa del florero’, Edilberto Sánchez Rubiano, recibía a los rehenes rescatados que no estaban heridos para identificarlos y establecer su posible participación en los hechos. Lo curioso es que diversas entrevistas han dado versiones contrarias y se han echado la culpa entre ellos.
El coronel Alfonso Plazas Vega fue el primer condenado con 30 años de prisión y era el comandante de la escuela de artillería. El oficial Jesús Armando Arias Cabrales, que además de coordinar las operaciones militares, permanecía informado sobre la situación en la Cada del Florero, donde, como ya se dijo antes, Edilberto Sánchez Rubiano, quien también ha sido juzgado por desaparición, estaba encargado de recibir a los rehenes rescatados y establecer con interrogatorios si tenían o no nexos con la toma guerrillera. Y a José Luis Vargas, lo encontraron… inocente. Entre otros acusados se encuentran Iván Ramírez y Carlos Fracica (ver pie de página 11). Y a Betancur y al en ese entonces ministro Miguel Francisco Vega Uribe, les precluyeron el proceso por no encontrar pruebas suficientes de que había ejecutado una orden. Claro, Plazas Vega definitivamente no podía manejar todo a su antojo, tenía que seguir una línea de mando . Pero eso es más triste aún ¿Había corrupción en más de un oficial al mando?
Por otra parte, se sabe que ni los ex – presidentes (Pastrana y Betancur), ni los ministros percibieron la posibilidad del diálogo como resolución del conflicto . Sin embargo, es necesario enfatizar que Betancur se la jugó todo por el todo, porque así como la negociación de Turbay en la Toma a la Embajada de República Dominicana mejoró la imagen internacional de Colombia en Derechos Humanos, dejó en el País una impresión de debilidad por parte del Gobierno y seguramente otro proceso similar al viaje a Cuba iba a dar mayores motivos al M-19 y a las guerrillas para alegar que no había un Estado realmente legítimo. Es posible que ahora se opine sobre y se descuere a todos los involucrados en el Holocausto del Palacio de Justicia, pero no podemos saber qué habría pasado si… ya que no superaremos un hubiera podido ser.
“Terminada la guerra de las balas la granadas y los rockets, llego la hora de la guerra de las versiones y especulaciones. (…)Se dijo que toda la operación había sido montada para borrar los archivos de algunos narcotraficantes extraditables. Se aseguró que lo guerrilleros se habían amarrado a los rehenes y a cargas de dinamita y que habían volado con ellos. Se dijo que hubo ejecuciones a sangre fría de los magistrados por parte de los guerrilleros. Hay incluso versiones según las cuales algunos guerrilleros salieron con vida del Palacio y que luego fueron ejecutados.” (Semana.12 junio 1989. “28 horas de terror”: versiones y consecuencias, párrafo 1.)
La Toma no sólo penetró en la agenda mediática del mundo, no sólo puso la legitimidad del Estado en la cuerda floja sino que se le ‘metió al rancho’ y causó un episodio que hoy en día sigue trayendo culpables, investigaciones y problemas con los Derechos Humanos.
¿Si los exguerrilleros se arrepienten, o no? Sólo Dios sabe… pero no debe ser fácil seguir con la cabeza en alto, después de un pasado por el que ya han pedido perdón y que tratan de reivindicar desde la política. Porque si no, bien podrían todos estos actuar como Libardo Parra, ¿no?
Lo que si es un hecho es que los colombianos no tienen memoria y gracias a cajitas mágicas de entretenimiento y al consumo nos hemos educado a que es mejor prescindir de ella, del espíritu crítico, del deber político e incluso del estudio de temas que proponen retos intelectuales que no se solucionan con un plumazo un billete o un bonito cuerpo. A lo mejor habría que replantearse esas generalizaciones que rondan el colectivo común colombiano.
Hay que considerar que no todos los políticos son corruptos, no todos los exguerrilleros siguen involucrados con las actividades armadas y por supuesto no todos los militares son sádicos… no todos los estudiantes estudian de verdad.
Ya que, mientras nos preocupamos por estigmas y prototipos a veces, hemos descuidado un poco el concepto de verdad, de justicia, como si se creyera que es mejor que lo hagan los otros, por peligro, miedo e incluso pereza.
Encontramos muchas acepciones de justo, como sustantivo, como ideal del Derecho positivo, como una justificación, como un discurso político… etc. Para la ley colombiana hubo indulto; para la CIDH no es justo que se dé amnistía y absolución a crímenes de lesa humanidad; y para la moral, todos tienen una oportunidad para cambiar. Depende de cada quien. Pero, lo que sí es cierto, es que con blasfemar y maldecir, los muertos no reviven, la historia no cambia y tampoco somos felices. Tal vez habría que preguntarse si el perdonar es un acto de amor hacia el otro o un acto de sensatez, respeto y compasión a sí mismo.
Claro, es facilísimo decir que el que perdona y pone la mejilla dos veces es un descerebrado, pero todo es
cuestión de personalidad. Acaso porque nos lo han enseñado ¿el ‘exitoso’ es exitoso y, por eso, feliz? No creo que haya una persona con más carácter que aquella que perdona, reflexiona y actúa ¿Es algo idealista? No tanto, porque no es un llamado a ser perfecto, es un llamado a ser sensato.
No pretendo ser consciencia de nadie, ni juez. No conozco ni he entrevistado a ningún ex - guerrillero, nunca he sido víctima de un ataque de estos, pero como todos los colombianos, también he sido payaso, muñeco y juguete de una manipulación que no puede ser adjudicada a nadie, porque allí está la gracia del juego. También he sido medio, masa y ser humano burlado por intereses políticos, económicos y sociales.
Bibliografía
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